Mente pensante y consciencia vs programas automáticos

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Continuando con la entrada anterior sobre la desprogramación del autómata que llevamos dentro, me he puesto esta semana a hacer algunos ejercicios para potenciar la sensación de “separación” que tengo cuando consigo que sea mi conciencia la que se mantenga en “control”, o cuando me “despisto” y entonces se activan de forma inmediata cualquiera de esos programas automáticos de comportamiento. Básicamente me he propuesto generar una separación más clara entre los diferentes componentes y anotar que percibo cuando uno u otro parece estar predominando como el perceptor de mí realidad física.

¿Quién es quién aquí dentro?

Lo primero que tenía que identificar claramente es “quién está en control” cuando estoy pensando “¿Quién está en control?”. No se si me explico. Para yo poder razonar que debe haber una parte de mí razonando que algo maneja los mandos de este cuerpo, debo ser capaz de notar que un componente de mí ser, que no es un programa automático, ni parece ser mi alma o conciencia, tiene una percepción de ambos bandos. A eso, le he puesto el nombre de “yo observador” o yo “consciente”, e imagino que no descubro nada nuevo a nadie usando este término.

Así que en este momento, quien está analizando si algún programa automático maneja mi vida o si mi conciencia es la que está presente o quiere hacerse presente, es mi yo consciente. Yo, hablando conmigo mismo y dirigiéndome al resto de partes de mí.

La conciencia en control

Al siguiente componente, el alma, lo tengo muy identificado, ya que cuando mi mente consciente fuerza que esta tome el control aparece la percepción del mundo exterior a través de las lentes de la misma. Es justo lo que os explicaba en el anterior artículo: vivir en el “ahora”. Cuando “fuerzo” voluntariamente a mi conciencia más interior a salir a la superficie y coger las riendas, fluyo con el entorno (aunque quien lo explica en estos momentos es la mente consciente o pensante). Hay una sensación de ligereza y curiosidad que me llamó mucho la atención las primeras veces, algo así como “¡anda, ¿Qué es esto?!”, como si hubiese sacado de un sótano a esa conciencia (tapada normalmente por la mente racional y los programas automáticos) y esta se regocijara por estar en contacto directo con la realidad exterior. Es un poco flipante al principio esa sensación, ya que estoy en un “limbo” atemporal, simplemente estoy, y luego, cuando mi mente consciente y mi programa ego vuelven a tomar las riendas alucinan con las percepciones que ha tenido, como si por primera vez un niño viera algo y se asombrara de verlo. Creo que es señal de que debo sacar más mi “conciencia interior/alma” a dar un paseo por el mundo tomando las riendas de las experiencias físicas en las que ando metido. En este aspecto, creo que precisamente los niños andan una gran parte del tiempo en este estado, sin que todavía hayan generado o les hayamos implementado programas o patrones de comportamiento.

Encuentro sin embargo un pequeño inconveniente a este estado, que es interesante, pero que creo no es funcional del todo para las experiencias 3D, físicas. Y estoy bastante seguro que alguien que estuviera el 100% del tiempo con su alma en control y en la superficie de la conexión con el mundo exterior le seria difícil gestionar lo que le viniese (igual me equivoco y es simplemente falta de práctica), pero desde luego estaría en un estado de “fluidez” atemporal que le haría ver el mundo de otra forma. No me extraña que alguien que pudiese alcanzar algo así como el nirvana o la iluminación permanente hubiera conseguido simplemente que fuera su conciencia más elevada la que se enfrentara al mundo físico dejando de lado el resto de funcionalidades del cuerpo en el que encarna.

Un pequeño esquema

Como siempre, la forma en la que he sido capaz de esquematizarlo es más o menos así:

conciencias

Claro, a medida que iba experimentando con que fuera la conciencia de mis componentes superiores o la mente consciente con el ego la que alternaran el control de mí percepción del mundo exterior, los programas automáticos no entraban en juego, pero basta que tuviera una distracción, que sonara el teléfono, que llegara un email y me pusiera a leerlo, para que uno de ellos (de los programas), se activara y perdiera toda percepción anterior, para de nuevo ponerme a actuar y responder en modo autómata a los estímulos externos. Está claro que tienen todo el poder y control a no ser que realmente trabajes para evitarlo (habla mi yo “observador” que se da cuenta de cuando se activan o desactivan los programas automáticos de comportamiento).

Preguntando al subconsciente

Para poder “discutir” estos temas con otras partes de mí mismo que no son accesibles normalmente, especialmente el subconsciente, uso la escritura automática (que es, por ejemplo, la forma en la que Neale Donald Walsch escribió su famosa trilogía “Conversaciones con Dios”). Y como ya tengo experiencia con ello y con los años he conseguido que fluya la información de mí subconsciente de forma natural, he hecho una serie de preguntas para entender si el esquema, al menos en mi caso, era correcto, y que hacer con los programas. Básicamente mi subconsciente me responde que esos programas ni el Yo Superior ni la conciencia más profunda que poseo los necesita o los quiere, pero que no es “fácil” eliminarlos o desactivarlos pues forman parte de la programación y estructura del ser humano desde nuestra creación como especie. De hecho, no creo que se puedan eliminar, como mucho, podré dejar de activarlos si empodero o bien el control del Yo Superior o de la conciencia del alma el 100% del tiempo, lo mismo que hablaba en el artículo anterior y de lo que nos habla Tolle en el “Poder del Ahora”, y un poco poniendo de relieve que las enseñanzas de Gurdjieff para desactivar este autómata (que para mi es una gran referencia sobre el estudio del ser humano) son un trabajo de toda la vida.

Al menos lo que si que noto es que cada vez que fuerzo un programa a desactivarse, porque me doy cuenta que estoy reaccionando de forma automática, me cuesta menos mantener un poco más al “yo observador” en control y si me fuerzo a mantenerme en el “ahora”, consigo estar un poco más de tiempo antes de que, por la razón que sea, pierda ese control de nuevo. No tengo intención de pelearme conmigo mismo constantemente, pero si de acrecentar ese control por la parte que más me interesa, a ver si dejo de comportarme automáticamente en aquellos aspectos de mí vida donde, sin darme cuenta, soy como todo el mundo, un autómata más en un mundo de máquinas.

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