Procesos curativos

He terminado estos días de leer y poner en práctica un libro llamado el Código Emoción que me recomendó un amigo y lector del blog. Es un libro muy sencillo de poner en práctica para eliminar emociones atrapadas en nosotros que se manifiestan como bloqueos en nuestro sistema energético y en nuestro cuerpo físico.

Como en toda terapia, a medida que vamos liberando emociones y problemas, (yo mismo me he ido haciendo lecturas y sanaciones periódicas a través de mí Yo superior en lo que conocemos como nuestro propio archivo akáshico), nos damos cuenta que en cada sesión de limpieza nuestros guías y nuestro Yo Superior nos permiten eliminar solo, y exactamente solo, aquello que con lo que en ese momento podemos lidiar de golpe y nos es más importante sanar. ¿Porqué? Para evitar que entremos en los que se conoce como crisis energéticas, en donde se remueven tantas energías que de repente nos encontramos física, mental y emocionalmente desestabilizados, exhaustos y peor de lo que estábamos antes de empezar.

Paso a paso

Los procesos de curación, en todas las disciplinas que conozco son procesos por etapas, a veces más lentos de lo que desearíamos, pero siempre al ritmo necesario y específico que nosotros mismos podemos aguantar y manejar. Lo que empieza como una eliminación de energías en el cuerpo causal, se convierte luego en movimientos en el cuerpo mental, pasando por cambios en el cuerpo emocional y finalmente manifestándose a nivel etérico y físico (por eso el cuerpo, cuando se está limpiando, a veces  se puede enfermar de nuevo ligera y brevemente para dar salida a todas las energías que se han liberado).

Por eso cada lectura y sanación, espaciadas siempre varios días o semanas entre ellas, nos permite pelar un poco más una capa de bloqueos y restricciones que están latentes en nosotros pero enterradas y no accesibles en la lectura inmediatamente anterior. Para comprender esto hemos de imaginarnos a nuestro sistema energético como una cebolla y todos los problemas, bloqueos, emociones atrapadas, restricciones, etc como pegotes de plastilina enganchados. Todos nosotros, a lo largo de los años, nos acostumbramos a vivir con esos pegotes, les hacemos hueco en cierta forma y cuando alguien recibe una sesión de sanación con la técnica que sea, se eliminan principalmente los trozos más gordos y principales, siempre hasta el punto que nos permita seguir con nuestra vida sin grandes complicaciones (pero sintiéndonos mucho más ligeros y mejor, por supuesto, al habernos quitado ese problema de encima).

En el momento que hemos liberado lo que había en la  primera capa de la cebolla, en la superficie inmediata, tenemos acceso al resto de bloqueos que estaban un poco más abajo, en esa segunda capa, más enterrados, provenientes de situaciones más antiguas, o más profundas, o más traumáticas y por eso más escondidas. En cada sesión liberamos justo lo que la persona puede “soportar” sin entrar en crisis, dejamos que pasen unas semanas, que su sistema energético se adapte de nuevo a la nueva sensación de ligereza, limpieza y sane, y si se desea, se puede volver a repetir el proceso.

Mantenimiento continuo

Los que estamos interesados en deshacernos de lastre acumulado durante cientos de encarnaciones evidentemente podemos seguir hasta el infinito limpiando restricciones ocultas cada vez  en capas más profundas de nosotros mismos. Esto no es necesario en la mayoría de las personas, pues cuando has limpiado ya unas cuantas veces, primero de forma genérica, y luego ya de forma específica por algún problema en concreto nos sentimos mucho mejor y perfectamente en forma para llevar una vida normal, pero ahí ya entra lo que cada uno desee hacer, así como hay quien se cuida mucho a nivel físico y va al gimnasio regularmente y quien no, ahí también quien se cuida mucho a nivel energético y quien no tanto.

Por eso a veces las sesiones de sanación en una misma persona difieren tanto. Quizás en la primera se nos permitió liberar un gran número de cosas porque la persona estaba preparada para ello, porque no eran excesivamente importantes (aunque sumadas si que lo eran) y porque era necesario para hacer que esa persona pudiera avanzar en su evolución y en su camino, pero luego cuando esa persona vuelve a una segunda sesión, resulta que solo podemos trabajar con uno o dos bloqueos, pues son más fuertes o más difíciles, y no podemos avanzar hasta que hayan sido removidos. Cada cual es un mundo, y sana a diferente ritmo, pero no por eso hay que preocuparse, en prácticamente todos los casos, varias semanas después de cada sesión, nos sentimos realmente mucho mejor que lo que estábamos antes, y es un signo inequívoco de que hemos liberado parte importante de lo que nos impedía ser un poco más felices en la vida.

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